A pesar de los grandes avances tecnológicos agrícolas, en la actualidad todavía se siguen utilizando técnicas y herramientas tradicionales empleadas desde la antigüedad para cultivar la tierra y producir alimentos.
Cultivos extensivos, la forma tradicional de trabajar el campo.
La agricultura extensiva (opuesta a la agricultura intensiva) se llama así porque necesita de una extensión mayor tierra para producir una cantidad dada de alimentos, ya que usa los recursos naturales del lugar (como abono animal para fertilizar la tierra, por ejemplo) y en muchas ocasiones no cuenta con agua de un sistema de riego, sino que depende de las lluvias. Aunque su productividad es baja, esta agricultura aprovecha el medio ambiente y va con los tiempos de la naturaleza. Generalmente produce una cosecha por año aprovechando el ciclo de las lluvias.
Por lo general está localizada en regiones con baja densidad de población y se caracteriza por unos rendimientos por hectárea relativamente bajos pero que en conjunto resultan aceptables (por ejemplo: campos de trigo en Argentina), ya que genera un mayor número de empleos por cantidad producida, con ingresos muy bajos, especialmente en los países pobres.
